Dueña defiende a su perro y termina siendo atacada también
Paula Eligio Acero
El pasado jueves 24 de enero, la alumna de comunicación Paula Eligio Acero, recibió una fuerte mordida en el brazo derecho por parte de un border collie de sus vecinos. La mordida no solo le causó una herida profunda, sino que le quitó un poco de movilidad y provocó una grave inflamación en el bicep.
La dimensión de la herida es de 7 cm en la parte más ancha y 16 cm de largo, cuenta con de una rajada de 4 cm que fue lo suficientemente profunda como para causar una hemorragia. Afortunadamente el Dr. Sergio Galván, de la policlínica del sur ubicada en Av. Toluca no. 168, estuvo revisando a la paciente y aclaró que, no hay infección y en un corto periodo de cuatro días el brazo se encontrará en su estado normal salvo por una pequeña cicatriz y moretones.
El Dr. Galván mencionó que si el brazo no hubiera estado cubierto por tres capas de ropa, la herida pudo haber sido más profunda, perforando casi el músculo; sin embargo, la fuerza y el ángulo de la mordida bastaron para restar movilidad y causar un gigantesco hematoma.
Todo comenzó la noche del pasado 24 de enero cuando la estudiante de la Universidad Anáhuac salió al jardín trasero del fraccionamiento donde habita para sacar a pasear a su cachorra, una cruza de siberian husky con golden retriver de nombre Mila. La dueña aclara que parte de su rutina es sacar a su perra tres veces al día para ejercitarla lo suficiente y que pueda comportarse en casa.
A los 10 minutos de estar afuera llegó corriendo Nala, la border collie del vecino, sin embargo, no había rastro alguno de los dueños. La estudiante explica que no es la primera vez que sus vecinos dejan suelta a su perra, en otras ocasiones la han olvidado fuera y constantes veces se ha escapado, por lo que a Paula no le extrañó verla sola.
“Nala y Mila se llevan muy bien, así que si sale Nala me beneficia porque Mila se cansa más; incluso ha habido veces en las que yo le toco a mis vecinos para que me la presten 20 minutos en lo que juegan y ya después regresarla; además, como a ellos no les importa su perra raras veces la sacan, yo saco a Nala más seguido…” (Eligio, 2019)
Así pues la srta. Eligio nunca se ha preocupado por encargarse de Nala ella sola, pero ese jueves cambiaría por completo su punto de vista.
El juego entre cachorras empezó completamente normal, se correteaban, jugaban a las luchitas, perseguían la pelota y nada parecía malo. De pronto apareció un gato frente al árbol y Mila empezó a aullar, cosa que alteró a Nala quien decidió atacarla. En un abrir y cerrar de ojos, las dos perras estaban enfrascadas en una pelea que ya no parecía amistosa.
La dueña de Mila conoce bastante acerca de los comportamientos caninos y aunque sabe que una pelea entre perros conocidos no es alarmante, es necesario separar a los animales. No obstante se necesita mucha fuerza para detenerlos y en este caso Paula se encontraba sola, junto a dos perros de 20 kilos cada uno.
Así pues, entre ladridos, zarpazos, mordidas, baba y gruñidos, la chica se armó de valor, se colocó al nivel de la pelea (se hincó), buscó un punto estratégico que le permitiera agarrar con el brazo izquierdo a Mila y con el brazo derecho a Nala, y se lanzó sobre ellas. Logró sujetar a la husky y cuando intentó agarrar a la border, ésta se abalanzó sobre su brazo, sujetándolo y sacudiéndolo bruscamente.
Al no tener el total control sobre las perras, Mila volvió a brincar sobre Nala quien soltó el brazo de Paula y esto le permitió a la misma tomar el cuello de Nala para separarlas de una vez por todas. Segundos después, la muchacha se encontraba sentada en el suelo con un perro en cada extremo del brazo jadeando del cansancio.
A pesar de todo el alboroto causado, ninguno de los responsables de la perra salió de su casa, por lo que la alumna de la UAMS esperó unos segundos a que ambas perras se calmaran, las soltó y le colocó la correa de su perra a Nala. Posteriormente dejó a Mila en su casa y continuó a la casa 2 donde vive Nala.
Llamó a la puerta, entregó a la border y reportó el incidente, a lo que los dueños replicaron que su perra era muy pacífica y que se les hacía extraño que hubiera sucedido eso. Sin embargo se disculparon y ofrecieron pagarle el hospital, pero la comunicóloga lo negó, prefirió pedirles que no volvieran a dejar sola a su perra.
Fue hasta que la chica se quitó la ropa que notó la fuerte herida y acudió al hospital, donde la desinfectaron y le recetaron desinflamatorios y pomadas.
Hoy en día Paula sigue sacando a Mila con Nala, sólo si alguno de sus dueños la acompaña, ya recuperó la movilidad en el brazo y poco a poco se ha ido desinflamando. Así, todo ha vuelto a la normalidad, pero de una manera más responsable.
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